Mandamiento número once. El trabajo si es digno se convierte en placer y no es mandamiento sino pecado capital

Que brusco, que asco, están casados, están cansados. Gracias a María Elena Blay puedo decir que me he sentido un

poco útil al ver a una mujer perfecta físicamente por fuera y por dentro: de piel pálida, alta, lasciva, virginal, de cabellos sueltos y sedosos y un interior intenso, melodramático… Al ver a la mujer perfecta… ¡no! al ver a la hermana de ésta: horrible, en ella se ven todos los defectos de la mujer perfecta. Haleluya, no existe la perfección, qué novedad, desde pequeño lo sabía. Es fácil encontrar los defectos, es lo primero que veo y que ven en mí, quiero llegar lejos con los defectos, han motivado en mí el ansia de encerrarme. No es noticia. La noticia es cuando he salido por ahí a ver la escoria de este país, al que solo amo entre las paredes de mi hogar. Craso error hablar de patrias o religiones, siempre lo diré: Libertad Digital. Es lo único que me hace falta. Y ahora quiero trabajar, pasarme meses trabajando, poco a poco, como una hormiga loca, llegar al Otoño un escalón por encima de lo que soy ahora, sin la ayuda de nadie.

Me conformo con las palabras de mi particular “David el Gnomo”. Siento mucho en el alma si he caído bien a alguien, ahora todo acabó por una temporada, ahora solo voy a dar lo mejor de mi mismo para mi mismo. Estoy recluyendo mis particulares “migas de pan” (de hormiga), meter todo junto a mí e intentarlo de momento, por última vez.

Creo que esta vez puede salir bien, he decidido el título, las pautas, el miedo. Ya me puedes soltar de la mano, abuelo, puedes quitarme las ruedas de atrás, sé ir en bicicleta y sé para qué tengo que usar la bicicleta. El paso del tiempo puede darme lo que quiero. Nunca he estado tan relajado como ahora. No soy un malnacido que escucha “Manta Ray”. Me he dicho basta. Mi profesor Gimeno Blay me ha impulsado no a trabajar sino a obsesionarme (amo obsesionarme) con mi trabajo, las palabras de María Elena no esta tarde sino allá por el mes de Octubre, es de las pocas personas sino es la única que ha defendido mi trabajo con garra y le debo mucho, me motivaron. También, y es obvio a la sangre de mi sangre y al dinero que me han ofrecido sin merecermelo. Quiero saldar todas mis deudas con un trabajo que haga olvidar todo lo que hice en el pasado. No quería usar este blog para hablar de cosas “más profundas” “más de mi vida” pero qué más da. Pienso en la brevedad de la existencia, me da igual todo, quiero obsesionarme sin reciclar.

Ciertas personas sentirán algo de curiosidad por lo que pueda hacer, pues no por ellas sino por mí voy a seguir, algo me dice que debo hacerlo, odio el lema “ahora o nunca”, algo me dice que tengo opciones. El trabajo, cuando es digno, suple a todo lo demás (salud, amor, etcétera), ahora y en la hora de nuestra hora, líbranos.

Por Germán Piqueras

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