“En el estómago de la bestia”

La película de la semana, allá por ¿1990?, tápate los ojos cuando

una monja, por error, lanza a otra monja por lo alto del campanario,

luego el coche llegaría al “Bates Motel”. Imágenes guardadas a fuego

en mi memoria, así como la noche de un verano posterior en la que,

al estar solo en mi casa, tuve que salir al balcón ante el horror de

“Psicosis II”.

Ahora hablamos de Psicosis III, esa ansiedad, enfermedad mental,

que dirige Anthony Perkins, como cuando “De Kooning” se pone a pintar

y nadie lo puede entender, solo el propio enfermo.

Esta disertación de imágenes que solo pasan, como la hilera de heces

que tantas veces nombra Panero, por la cabeza de un hombre cuyo

mundo es el suyo propio, no en el que vivimos el resto,  sin egoísmos,

con felicidad pese a la sangre.

En el vídeo que vemos a continuación vemos a Norman Bates

despidiéndose de su casa quizás para siempre, se dirige a un sanatorio,

no para sanarse, sino para ser feliz. Terrible película, en el único

sentido que se le puede dar a la palabra terrible: en el bueno.

Por Germán Piqueras

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