JUAN VILLA, MÉDIUM ENTRE DOS MUNDOS

Hace dos años aproximadamente escribí un artículo sobre Juan Villa, en relación a la Tesis Doctoral que estoy realizando (relacionada con la muerte) y en él yo encumbraba a Juan, diciendo de él que era uno de los mejores artistas españoles de la actualidad. Juan está cada día más y más valorado, de lo cual me alegro profundamente. Más si cabe tras haberlo visto trabajar, cuando él mismo me invitó a una de sus “Masterclass” en su taller de Valladolid. Esta exposición no me ha sorprendido. No lo ha hecho porque ya tuve la oportunidad de ver la primera a finales del año 2012. En esta hay muchas más piezas, pero el alma es igual. Saber eso es lo que me hizo ir de nuevo a ver la segunda exposición, pagar por ello. Hablaba en el artículo sobre Juan de la funcionalidad del arte y ahora vuelvo a hacer hincapié en ello. Es un arte que tiene una función: divulgar la cultura y diferenciarse contundentemente de todas esas exposiciones que parece que son cultura solo por ser exposiciones. La cultura es eso, transmitir conocimientos. Las exposiciones no deberían ser tautología sino un comienzo de algo.

 

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 Fotografía de la exposición (Facebook de “Cuarto Milenio”)

La exposición de Cuarto Milenio cuenta historias –contar cosas deberías ser la función de todo creador-. La exposición te puede gustar más o menos pero al verla te abruma precisamente eso a lo que no estamos acostumbrados… esa sensación de que cada pieza cuenta algo más profundo que la pieza en sí. En otras exposiciones parece que la pieza en sí es el resultado final, el objeto y objetivo de todo el proceso. En esta exposición es al revés, la pieza no es sino el comienzo para que cada persona comience, al menos, una reflexión sobre algo. Es difícil conseguir algo así. Vivimos en un mundo vanidoso y encontrarnos con algo no vanidoso es noticia.

 

Para una persona que nunca ha escuchado nada sobre las caras de Bélmez, ir a la exposición de Cuarto Milenio y ver la importancia dentro de la exposición de este tema –y, obviamente, dentro de la historia del misterio- le hará plantearse cuál es la importancia de las caras de Bélmez para el mundo del misterio… y por tanto, cuál es la importancia del misterio para la vida, en sí.

 

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 Cartel de la exposición (Facebook de “Cuarto Milenio”)

La importancia del misterio en la vida es mucha. Es casi todo. De hecho algo que nos pasa a todos, como morir… es un acto desconocido que aún hoy no sabemos adónde nos lleva. Por razones como esta, exposiciones sobre el misterio son necesarias. Si el misterio está presente en la vida real, también debería tener la misma importancia en el arte y en la cultura. Por ello hay que nombrar artista al médium –Juan Villa- que hace posible la comunicación entre los dos mundos: la vida “real” y lo insólito.

 

Juan Villa, ese artesano, como él mismo se define, de lo desconocido. Las manos que dan forma real a aquello que creíamos que era irreal. Y es que un objeto comienza a tener vida cuando lo miramos. Y eso pasa con el arte de este artesano asturiano: está creado para que soñemos como el niño que visita el museo de cera sueña, para que nuestra imaginación vuele como vuela la imaginación del pequeño que visita por primera vez en su vida un parque de atracciones. Esta exposición también es una congregación de atracciones y no es una exposición sobre el horror sino sobre aquellas otras cosas que no tienen cabida, de normal, en nuestra cultura actual. Y debería entrecomillar esa palabra: cultura. Ya llamamos cultura a casi cualquier cosa. Una exposición, por ser exposición, no significa que sea cultura. Cultura es algo más que una pintura o una escultura; de hecho cultura es cualquier objeto, idea o palabra que reflexione y ahonde sobre cualquier idea o concepto. Yo he visto exposiciones que me han dado igual, precisamente por eso le doy valor a esta.

 

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 Juan Villa trabajando

Es más importante de lo que parece para nuestra sociedad una exposición así. Normalizar lo que es normal (parece lógico, ¿no?), aceptar que el misterio forma parte de nuestro ADN y dejar de ser tan hipócritas. ¿Acaso eso que te pasó a ti de pequeño/a no es misterio? ¿Y aquello que te contaron? ¿Y esa “casualidad” que te dejó sin habla? ¿En serio hay una explicación para todo? Pues yo no la quiero, no quiero las cosas que no me creo. Y sí quiero dar vida en mi cabeza a la sirena de Fiji, a la muñeca Juliette, al demonio de Dover, a los visitantes de Imjarvi, al merodeador nocturno, al niño compadrito, a la autopsia a Jesús de Nazaret o a esas tantas otras obras que conforman esta exposición y que yo desconocía hasta antes de verla.

 

Dejemos la cotización a un lado, las galerías, las academias, los libros de historia del arte… Despojémonos de todo lo que parece que tiene que ver con el arte y la cultura. Y así, desnudos de todo, nos daremos cuenta de que el arte y la cultura, si se parece a algo, es a Juan Villa y a todo su equipo “Prometeo”. Todo esto es algo que no pretende ser arte, sino contar algo que, para quien lo ha creado es igual de interesante que para ti. No hay condescendencia entre el artista y su público, sino cercanía y avidez de conocimientos. Nunca una exposición sobre lo oscuro y lo aparentemente monstruoso estuvo tan cerca de la vida. Es parecida a la historia de “Frankenstein o el Moderno Prometeo”… ¿Tendrá algo que ver esto con “Prometeo Escultura”?

 

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 Yo junto a Juan Villa

Germán Piqueras

 

Para leer el primer artículo sobre Juan Villa:

http://www.yamelose.com/arte/juan-villa-la-funcionalidad-del-arte.html

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