ODA AL REAL MADRID/UN PUEBLERINO EN EL BERNABÉU

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Real Madrid Leyendas-Liverpool Legends

 

Creo que si hay un buen día para ir al Santiago Bernabéu es un domingo por la tarde, como clama el himno blanco. Y antes de este relato pediré que se abstengan de leerlo los que no relacionan de ningún modo cultura y deporte, personas cuyo pensamiento provinciano no tiene cabida aquí. A esas personas solo les diré que Zinedine Zidane jugando al fútbol se acerca más a lo que es el arte que un libro de poesía de nubes esponjosas o que las brillantes reflexiones filosóficas publicadas de Cristian Gálvez.

Hay pocos escenarios más poderosamente visuales que el estadio del Real Madrid, por lo que representa como símbolo y emblema, más si cabe cuando dentro de él va a tener lugar un partido entre leyendas. Por fuera se respira fútbol –mezclado con el aficionado turista nipón que no sabe quién es Luis del Sol o Raymond Kopa, aunque seguro que tampoco sabe quién es Michael Laudrup, en fin, nipones…- aunque no tanto fútbol como se respira en los aledaños de Mestalla, quizás por la furia y energía de don Manuel el del Bombo o quizás por esas calles comprimidas con olor mezcla de bocadillo de calamares y mierda de caballo. El caso es que en el Bernabéu puedes sufrir el síndrome Stendhal tanto fuera como dentro. Y como yo soy un pueblerino, tengo que relatar mi primera visita al feudo del equipo del que soy un fiel seguidor, con pelos Pantene y señales. Llegué casi una hora antes, como buen pueblerino, para ver “el ambiente”. Y ahora empieza una crítica y una oda, las dos cosas a la vez, hacia todo lo que allí vi. Sinceramente no me imaginaba en ningún momento a Victoria Beckham entremezclada con esa gente, más si cabe con esa gente que había pagado tan solo cinco euros por ver a esos galácticos apagados… que aún así deslumbran.

El equipo “rival” era el Liverpool Legends, es decir, un equipo de viejas leyendas del conjunto británico. Se puede decir sin ningún tipo de temor que el Real Madrid-Liverpool es el derbi de Europa, probablemente los dos equipos con más carisma del viejo continente –junto al A.C. Milán-.

Antes de comenzar el partido, el estadio se fue llenando mientras algunos futbolistas salían a dar unos toques. El primero en salir fue Solari, aquel enigmático argentino de la época post Fernando Carlos Redondo, al rato fueron saliendo grandes jugadores pasados de kilos y de canas, caso de Paco Buyo. Aunque Paco conservaba su mirada de ángel caído gallego. Había pocos aficionados del Liverpool, pero bien ataviados: se nota que son la mejor y más respetada afición de todo el mundo. La canción “Yesterday” acaba de cumplir cincuenta años y el domingo, mientras esos gordos canosos tocaban el balón, la megafonía del Bernabéu hacía sonar el llanto de Paul McCartney… de no ser por ese sol castellano que vio brotar en su día la historia de Juana la loca… hubiera dicho que estábamos en Liverpool! Guau, en Liverpool!… una cima que ningún pueblerino podrá alcanzar jamás. Los aficionados reds comenzaron a sacar sus bufandas y banderas, todas serigrafiadas con esa frase que define a la humanidad “You´ll Never Walk Alone”… “Tú nunca caminarás solo”. Y ese color tan del Liverpool, tan rojo, tan puro, tan emocionante… comenzaba a resaltar sobre el verde césped madrileño. Por ahí comenzaban a asomar Zidane y Emilio Butragueño, probablemente el delantero más simbólicamente poderoso del fútbol español. Los de su quinta se emocionarían –y no hablo de lágrimas sino de fútbol- al ver la mirada pura y azul del buitre… y todo esto antes de comenzar! Pero es que el partido nunca comenzó! La belleza se iba aglomerando y estrechando cada vez más… sonó el himno de “La Décima” –himno que seguro que Plácido Domingo, allí presente, tarareó con todo su glamour- y luego sonó el “You´ll Never Walk Alone”… para dar paso a las alineaciones por la megafonía del estadio. No todos fueron aplaudidos, es más, una parte de la afición blanca –muy triste, debe ser la misma que pita a Casillas- ni siquiera aplaudió cuando nombraban a auténticos artistas del deporte como Robbie Fowler, Harry Kewell (el jugador favorito de Johan Cruyff) o Ian Rush, aunque, eso sí, dio una ovación de auténtico dios a Zinedine Zidane, Roberto Carlos y, en menor medida, a Steve McManaman y Michael Owen. Luego se jugó el partido y luego la gente salió del estadio. Los fondos fueron destinados a los niños en riesgo de exclusión.

 

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Owen, Zidane, McManaman y Butragueño

Quizás el fútbol sea una mafia. Pero una mafia que hace feliz a mucha más gente que la lectura o los museos. Y eso no es lamentable, es poderoso. Y el poder, abruma. Como el Madrid, como Zidane o como los misiles de Roberto Carlos. Y lo sabes.

 

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Victoria Plácida Dominga del Madrid

Porque… si yo no fuera del Real Madrid sería… sin ninguna clase de dudas… del muy ilustrísimo Liverpool. Si en algún momento de tu vida tienes algún problema… o no sabes cómo seguir, deberías escuchar esto:

 

 

 

Germán Piqueras

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