Quiero ser famoso

“En el futuro todo el mundo será famoso durante quince minutos”, son las palabras que pronunció Andy Warhol en 1968. Desde ese momento, han sido casi un lema para la sociedad de consumo y en la mayoría de casos, casi siempre se han interpretado como algo positivo. Las palabras de Warhol se han cumplido, es innegable. Si alguien ha salido en un programa de citas dos minutos, pone dicha información en su perfil de Twitter. Vivimos en ese mundo, nos guste o no.

Sin embargo, si analizamos las palabras del artista norteamericano, observamos que nunca dijo que la fama fuese buena, aunque se puede sobreentender que pensase tal cuestión por ser un icono pop y porque para él, la televisión fue su inspiración, como afirmaba. Ahora, pasados los años y viendo quién sale en ella y por qué (hablamos de manera generalista), podemos reflexionar que Warhol dictaminó una verdad absoluta, pero no podemos decir que la fama sea un sinónimo de triunfo, aunque en algunas ocasiones sí vaya unido. Ya no es nada revolucionario. Ahora lo revolucionario es lo contrario: no haber salido nunca por televisión, que nadie te conozca en un mundo (el nuestro) en el que la gente casi siente fe por las redes sociales. Huir de la ostentosidad y de la vanidad, de la fama en el sentido tautológico puede ser, contradictoriamente, el camino hacia otro tipo de popularidad: la del reconocimiento por nuestro trabajo. A todo aquel que siente pasión por su trabajo, le gustaría más la frase: “En el futuro, a todo el mundo se le reconocerá su trabajo por 15 minutos (por lo menos)”.

Insisto, quizás no sea positivo que todo el mundo disponga de 15 minutos de fama, pues si todo el mundo los tiene, la fama perderá el sentido de su palabra. Si todos somos o hemos sido famosos, ¿qué relevancia tendrá hablar de la fama? Será algo parecido a decir “soy humano”. Recordamos la frase de Albert Camus: “Es muy fácil obtener fama pero es muy difícil merecerla”. Llegados a este punto, nosotros, persona de a pie, podemos llegar a ser famosos, lo tenemos en nuestra mano, pero debemos saber que, aunque alcanzásemos cierta fama, debemos diferenciar entre qué es ser famoso y qué una celebridad. El estatus y la reputación de una celebridad es lo que une el lema de Warhol con el del reconocimiento.

Deberíamos dejar de sobrevalorar la palabra “fama”, para que los niños no la viesen como un objetivo, porque muchos chicos no quieren ser futbolistas, sino lo que implica serlo, o lo que se sobreentiende que conlleva serlo: riqueza y fama. “A ver si metes muchos goles y te haces famoso”. El poder sobre la educación de los niños recae en los más mayores, dentro y fuera del colegio. Habremos conseguido algo si los próximos famosos no ponen en su perfil de Twitter que lo son, por sus dos minutos en ese programa que todos ven.

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Germán Piqueras

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