¿Quién quiere ser famoso?

Se puede decir. La gente con alma de reality se piensa que uno trabaja para conseguir la peor cara de la notoriedad: la fama. Según veo en el comportamiento de algunas personas que la tienen, perjudica gravemente la salud interna. ¿A quién le interesa la fama, además de a más de un 50 % de jóvenes británicos según no sé cuál estudio? No podemos seguir interpretando igual la famosa frase de Warhol que decía que, en el futuro, todas las personas tendrían sus 15 minutos de fama. Visionario o no, aquella frase no era sino una crítica atroz a la fama, pues, si todo el mundo la tiene en algún momento, el significado de “fama” ya no sería el mismo, asimismo tampoco tendría las mismas connotaciones. Podríamos decir que, ahora, la fama sería la “no fama”. No ser famoso te da casi más prestigio que serlo (hablo de la fama fast food o cercana a ella). Hay personas que salieron diez minutos en un programa de citas y, en su perfil de Twitter ponen “concursante de…”, ¿de verdad? Me gustaría completar la frase de Warhol: “En el futuro todo el mundo tendrá sus 15 minutos de fama. Y eso, no es bueno.”

Se ha sobrevalorado la fama de tal manera que hasta personas que no saben ni hablar son famosos. Por ello mismo hay que buscar un camino contrario a la fama, aunque en alguna ocasión las consecuencias de este puedan conducir también, inevitablemente, hacia ella. Tienes que buscar el reconocimiento de tu trabajo y, dependiendo de tu profesión, estarás más o menos ligado a cierta fama. El reconocimiento dentro de tu sector/gremio es lo verdaderamente complicado, pues para conseguirlo tu discurso tiene que conllevar un pensamiento y una fuerza que no son gratuitas y que tienen sus consecuencias. Tienes que elegir constantemente y sacrificar. Sacrificar vacaciones, amigos, situaciones felices. ¿Por qué? Se supone que porque aquello a lo que has decidido dedicar tu tiempo, es decir, tu vida, te llena más que cualquier otra cosa. Algunas personas te acompañarán en tu viaje, pero no te confundas: la mayoría no lo hará. Y no sólo eso, sino que te criticarán duramente, malinterpretarán tus acciones. Pero tú tendrás que seguir sabiendo que, incluso, puede que no haya recompensa y que esta en sí misma no es sino tu propio camino.

“Violento chaparrón. Ponte de cara a la lluvia, deja que sus rayos de hierro te penetren, deslízate en el agua que quiere arrastrarte, pero quédate, aguarda así, erguido, la aparición del sol, que fluye de manera súbita e inacabable.”  (Franz Kafka, Diarios)

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Germán Piqueras

¿Por qué “Dear death”?

Dear death (Querida muerte) es el último libro que he publicado. Un proyecto que nació paralelamente a los estudios sobre la muerte que estoy realizando en mi tesis doctoral, pero aportando mi propia visión a través de escritos y dibujos. Cincuenta textos, muchos de ellos ilustrados a través de acuarelas y tintas en blanco y negro, forman Dear death. La motivación para escribir y estudiar sobre este tema me la ha dado la gente, aún sin saberlo. La muerte es, junto al sexo -pero quizás más aún, como decía Foucault-, el mayor tabú de occidente.

Las personas huyen de hablar de la muerte, pese a ser el destino de todos y lo único que nos iguala, de ahí que me interesen los artistas que la han tratado y observar cómo nos enfrentamos a las situaciones de duelo en nuestro día a día. La manera de dar respuestas a mis preguntas no es sino planteando una serie de cuestiones que yo tengo muy presentes en mi mente. Susan Sontag nos recordaba en El artista como sufridor ejemplar que “el público moderno exige la desnudez del autor como en las épocas de fe religiosa se exigía el sacrificio humano”, un pensamiento que podemos extender a las artes plásticas, como bien nos sugiere Anna Adell en El arte como expiación. Y eso es lo que yo hago, pues en cada obra dejo un poco de mi vida.

Tengo el privilegio de que mi admirado Vicente Garrido, criminólogo y Doctor en Psicología, que muchos conoceréis por sus apariciones en importantes medios de comunicación, ha escrito el prólogo de esta obra. La muerte es “la más íntima dimensión de todos los vivientes”, escribió Cioran. Y yo, lo único que puedo decir, es que cuanto más leo y escribo sobre este tema, más me interesa como ser. Nadie puede definir la muerte, pero todos debemos apreciarla, quizás precisamente por eso, por ese no saber y porque, sobre todo, todos acabaremos muertos. Y esta frase no es tétrica, lo tétrico en este mundo es no pensar. De él surgen todas las decadencias.

Os dejo con la portada de la obra, que podéis adquirirla a través de este link:

http://www.obrapropia.com/Obras/1734/DEAR-DEATH-(QUERIDA-MUERTE)

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(Fotografía original de Laura Ureña)

Germán Piqueras