Una ciudad europea

 

La ciudad en la que se crearon los creadores. Y de esto hay que preguntarse el porqué. Algunos son natales, otros fijaron su residencia aquí durante algún periodo. Lo evidente es que a todos les influyó de una manera o de otra, su belleza o sus ruinas. Aún hoy, con la dura etapa del turismo a sus espaldas, no tiene todavía la esencia de parque temático total, aunque casi. Y en ese casi se balancea, conjugando calles sombrías e imperiales con colas de gentes de otros mundos que vienen a fotografiar lo que ya no es. Los kebabs aromatizan suaves brisas que no vienen del Danubio, que ya no es azul, y nos hablan del siglo en el que intentamos vivir, en un diálogo en el que aparecen cosas aparentemente opuestas a esos puestos de comida, como la ópera o los carruajes de caballos profundamente depresivos, contundentemente hartos de los seres humanos que no les hacen sentir caballos. También hay picnics de manteles de cuadros en parques, salchichas picantes con mostaza, parejas que pasean de la mano como único símbolo de unión de nuestro continente. Museos extraños llenos de polvo y muñecos de cera, torres de locos cuyas celdas están recreadas en exposiciones de patologías médicas, a los que van solo los más allegados. Cafés hechos con leche de vacas sagradas, que cuestan más de cinco euros, para que empieces el día atento. Pero en esa atención recuerdas que Freud pensó entre estos edificios, que la sombra de Fritz Lang se proyectó muchas noches por la calle Piaristengasse, que los genios de Mozart, Schiele o Klimt expresaron aquí sus mejores obras, y entonces te vienen a la mente más apellidos ilustres como Strauss o Haneke, incluso algunos que no se pueden mencionar en los días que corren. En la historia de esta ciudad puedes comprender la indumentaria negra de Gottfreid Helnwein y es en esos momentos cuando tu cerebro descubre que todo, la tragedia o la belleza (la de Sissi, la del palacio de Schönbrunn o la de la inmensa catedral gótica), tiene una misma respuesta. Y esta es únicamente Viena.

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De lo fantástico y lo inadmisible

La editorial Cinestesia ha realizado esta obra de arte en la que he tenido el lujo y la oportunidad de escribir. Mi artículo (académico) “La muerte como ocio . Ficción y realidad de productos creados a partir de los mass media” (págs. 189-204) forma parte del segundo capítulo de esta obra.

Asimismo, el presente libro recoge los resultados del Congreso Internacional de Género Fantástico, Audiovisuales y Nuevas Tecnologías del Festival Internacional de Cine Fantástico de Elche.

Espero que os guste.

Link web editorial: https://cinestesia.es/producto/de-lo-fantastico-y-lo-inadmisible/

CREAR

Nuestra sociedad es profundamente consumista. Yo soy profundamente consumista. Y ese consumismo atroz no solo compete a lo material, sino a lo intelectual.

Existen muchas personas que no quieren aprender nada nuevo o saber más, solo quieren consumir intelectualmente, de igual manera que todo aquel ser que va a Zara y sale con diez bolsas. Es lo mismo. Si el objetivo final no es la absorción de conocimientos con un fin (o sin él, pero al menos sin vanidad), es decir, leer sin compartir en el Stories de Instagram lo que se ha leído, es consumismo. Dentro de este concepto también están las reseñas, escritas o grabadas en vídeo, en las que los supuestos críticos (da igual reputados o no) nos analizan la obra; en el fondo, las personas que las realizan quieren que el resto del mundo sepa que ellos han visto esa película o leído ese libro… pero el disfraz es bello: ¡un análisis! Aunque deberíamos hacernos una pregunta respecto a dicho análisis: ¿es para el resto de la humanidad o para ellos mismos? ¿Qué diría la voz del subconsciente aquí?

Las personas que comparten, generosas, la portada del libro que están leyendo por sus redes sociales lo hacen porque también ellas descubren otros libros a través de los selfies de otros. Yo no discuto eso. Ni siquiera reniego del consumismo. Pero no hay palabra con más distorsión que “compartir”, ¿qué compartimos? ¿qué tan generosos somos? Incluso esta milésima de ensayo que aquí expongo y comparto… ¿qué pretende? El estado de ansiedad permanente y creciente en el que sobrevivimos, algunos más a gusto que otros, no es sino una constante competición en la que el corredor de fondo lleva la frente llena de sudor consumista. Consumir. Es una palabra que gusta en los ambientes millenials. Consumir cultura es contraproducente. Google me dice que “la palabra consumo es la acción y efecto del verbo consumir, y este viene del latín consumere (tomar entera y conjuntamente, consumir, agotar, desgastar)”.

Creo que habría que sustituir “consumir” por “reciclar”. Reciclar el conocimiento que absorbemos en algo nuevo. ¿Acaso no es eso la creatividad? Si quieres ser un antihéroe o una antiheroína… sé creativ@.

 

Germán Piqueras

Comunicación en el Congreso “Lo sagrado y lo profano”

Comunicación “La muerte a través del accionismo. Los rituales de sacrificio en las obras de Hermann Nitsch y Marina Abramovic en el VIII Congreso sobre arte, literatura y cultura gótica urbana (dedicado temáticamente a “lo sagrado y lo profano”) que organiza la Asociación Cultural Besarilia.

Octubre 2019. Facultad de Filología. Universidad Complutense de Madrid.

Link del programa: https://herejiaybelleza.com/2019/04/27/lo-sagrado-y-lo-profano/

lo sagrado y lo profano

Germán Piqueras